miércoles, 15 de junio de 2011

Cunningham y Cage, azar y silencio


por Marsel Esbey Toledo Aguilar

Merce Cunningham fue bailarín solista de la compañía de Martha Graham entre 1935 y 1945. A partir del 44 comenzó a trabajar de manera independiente, su propuesta de composición coreográfica estaba basada en argumentos transgresores para la danza de la época, quería romper con varios de los preceptos fundamentales como el ritmo musical, (que no era regular sino determinado por el tiempo contado de manera ordinaria), el vestuario que no era referencial sino que obedecía a la propuesta plástica y la narrativa que fue sustituida por el azar como recurso para la concepción de ideas escénicas.

Compartía con John Cage algunos de estos preceptos para la composición, en este caso, musical. Ambos utilizaban la abstracción del movimiento o el sonido como motivos para la creación y se valían del azar para determinar el desarrollo de la obra. En el caso de Cunningham, el azar era empleado para tomar ciertas decisiones como el número de bailarines participantes, la duración de uno u otro movimiento, el color del vestuario, etc. Sin embargo, al momento de montar una coreografía sí había precisión en las indicaciones a sus bailarines, las secuencias de movimiento son muy técnicas en cuanto a diseño.

El uso del azar no tiene que ver con que el resultado de la obra sea completamente inesperado o improvisado; existía una planeación y una responsabilidad sobre el proceso creativo; aunque lo interesante de la colaboración de Merce y John reside en que muchas veces los involucrados en la obra no tenían idea del resultado final. Solían trabajar por separado la coreografía y la danza;los intérpretes escuchaban la música sólo hasta el momento de presentarla ante público. Lo cual obliga a los bailarines a permanecer en un estado de alerta diferente, deben ser conscientes de sus acciones individuales pero también de la acción del grupo en conjunto.


Vimos un documental sobre la filmación de la coreografía puntos en el espacio en 1986. La coreografía requiere de modificaciones pues verla a través de una cámara o de una pantalla altera absolutamente la percepción del espectador, pues permite puntos de vista que el escenario convencional no permitiría. En este caso, el video es un elemento más que se añade a la obra y bien podría considerarse como un antecedente del video/danza. Resulta interesante que al ver ensayos de los bailarines en silencio el cuerpo adquiere cierta sonoridad, es posible imaginar sonidos con sólo mirarlos; claro, que los sonidos que Cage propone para la obra no van precisamente con el movimiento, no como en la tradición de la danza moderna. Es la unión de discursos en una sola obra.

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