domingo, 3 de octubre de 2010

El Negro/Diablo en la Nueva España


Ensayo que presenta Luis Ignacio Arbesú Barahona
para la acreditación de la materia "CONCEPCIONES Y MANIFESTACIONES DEL DEMONIO EN AMÉRICA DEL S.XVI AL S.XVIII"
impartida por la doctora Berta Gilabert dentro de la Maestría en Historia del Pensamiento
Universidad Panamericana Facultad de Filosofía Junio / Julio 2010


Dadme mis danzas
mis danzas de negro
dadme mis danzas
la danza rompe cadenas
la danza escapa prisión
la danza "es-hermoso-y-bueno-y-legítimo-ser-negro".[
1]

Abracé y salude a un amigo y colega a la salida del teatro el sábado, exclamé: ¡Vaya, lo que es saber vestirse bien!; esto en alusión a su chamarra de los Bulls de Chicago; platicamos de varias cosas con otro amigo que se nos unió y un par de emergentes más, y hoy, dos días más tarde, (y a sólo cuatro de tener que entregar mi ensayo), recuerdo esa afición que sentía a mis trece o catorce años de edad por la escuadra Harper, Jordan, Pippen, Rodman y Longley.[2]

Desde la revolución racial/social encabezada por Malcolm X y Marthin Luther King pasando por el fenómeno conocido como los Harlem Globe Trotters, el basketball norteamericano pudo eventualmente liberarse y desarrollarse a partir de la superioridad, (en cuanto a su constitución genética), que las personas negras tienen para este deporte fomentando a su vez que llegaran a sumarse a las escuadras de la NBA extra ordinarios jugadores Serbios, Dominicanos, Nigerianos, Costa Ricenses y en fechas recientes Mexicanos y Españoles.

El ejército cartaginés sabía de las ventajas que le suponía el contar entre sus efectivos con aliados Numidas que lucharan sobre una especie de elefante menor africano entrenado, (hoy extinto), después de atravesar el río Ebro y los Alpes para invadir Roma; si bien Cartago no sobrevivió a la púnica maldición su ejército era una poderosa mezcla de caracteres Africanos e Iberos.

Y este es hoy un detalle que llama mi atención.

¿Por qué llama mi atención?

Esta “superioridad física” aludida al principio, (apelo a la paciencia y universalidad de pensamiento para que no sean tomadas como sandeces), era tenida en cuenta en la nueva España[3]; mientras que el español fue enviado a colonizar, evangelizar y a ser encomendero de los indios, (el grupo de los doce franciscanos iniciadores consideraba que no debía introducirse más pobladores hasta lograr la cristianización de estos últimos), el negro llegó a la Nueva España como instrumento de trabajo, sin una bula papal que tornara su esclavitud en encomienda; si bien la condición de encomendado flaco favor hizo a los indios destinados a las plantaciones o a las minas. [4]

En la Nueva España no pasaron más de cincuenta años antes de que las primeras castas derivadas de negros e indios así como españoles y negros empezaran a desarrollarse en circunstancias desiguales e injustas de explotación. [5]

Presentaba una mejor expectativa de vida sobrevivir en la serranía del producto de la tierra y de asaltos, tanto a viajeros como a caravanas reales, que sobrellevar las condiciones marginales a la que estaban sometidos; fue así como desde el año 1537 esclavos negros fugitivos empezaron a esconderse en las selvas de la serranía.

Una condición inherente a cualquier grupo conquistador/colonizador es el de que la “ciudad”, entendida no sólo en su carácter geográfico, representaba el puerto seguro, el centro geo-político y socioeconómico donde convergían todos los esfuerzos de las tierras recién adquiridas; las comunidades negras fugitivas se desarrollaron al margen de esta seguridad socio-económica, y esta fue una condición que compartieron con los indios encomendados que de igual manera se fugaron y sobrevivieron, o bien, con los que nunca se sometieron del todo.

El negro, (el serrano, el cimarrón), era temido por su vuelta a la naturaleza, una naturaleza que la conciencia española entendía como incontenible y amenazante [6], y que debía ser dominada por la gracia y la perseverancia de la fe para así llevar el reino de dios a los confines de la tierra, entendido este orden como su fin último . Sin embargo el fin del negro no era último sino inmediato: la libertad, que al ser conseguida se disponía al servicio de la supervivencia. No debe pensarse que el negro por ser negro tiene un control inherente sobre la naturaleza (¿Cuánto tardarían Bill Cosby o Spike Lee en domesticar un elefante?, ¿sobrevivirían mejor que un Steve Irwin[7]?); pero tal vez sumergidos en la selva los negros cimarrones hayan sufrido menos incertidumbre en cuanto a la obtención de su alimento de la que nos ofrece hoy en día la canasta básica, sin embargo la amenaza de una represión por parte del aparato gubernamental español era constante y no sería sino hasta la rebelión de Yanga que el negro y el mulato, o al menos una comunidad de ellos, podría gozar, si no de una independencia, al menos de una autonomía oficial, (que por lo demás siempre pendió de un hilo).

El estado inferior tanto en lo social como en lo económico del esclavo negro lo predisponía a un similar estado con respecto al simbolismo de los españoles[8]; así, de la misma forma que en los helenos los supuestos antropófagos cretenses dieron origen al mito del Minotauro o los habitantes de los bosques germánicos alimentaban el mito de Rumpelstinskin o Hansel y Gretel, el hombre negro era la encarnación de esa naturaleza antagónica, adversa e inhóspita; mientras que la ciudad y el virrey eran la civilización y el desarrollo más cercanos al reino de los cielos. Paradójicamente, leyendo las tentaciones del diablo a San Antonio en cuanto a la representación del diablo se refiere, me parece que los rasgos de la hermosa doncella blanca son símiles de falsedad mientras que los rasgos del infante negro son símiles de la sinceridad. [9]

Al igual que la serpiente emplumada, la Tonantzin, o animales vivos achicharrándose en un horno emulando el fuego eterno, el negro se volvió un refuerzo circunstancial a la justificación moral de la conquista y colonización de la Nueva España.

***

Ese olor ácido característico de la raza negra, ¿es desagradable?, reformulando, ¿es más desagradable que el metro Hidalgo en un caluroso mes de Julio a las dos de la tarde? ¿Es más desagradable que el sudor de un hooligan inglés o una bailarina rusa? Si un pariente mío siente repulsión de entrar a una alberca al mismo tiempo que otra persona, ¿debo necesariamente sentir lo mismo debido a ese parentesco? Tal vez debería emitir un juicio al respecto pero… ¿Debería hacerlo a la luz de que conozco los atributos y generosidades de esta aludida persona? y ¿el prejuicio de juzgarla por su reacción no es equiparable al suyo respecto al primero? Al fin y al cabo: ¿no es el prejuicio, en gran parte, una heredad? Una heredad que de no ser estudiada, y comprendida no puede ser superada, lo cual siempre es una responsabilidad personal.

Alguna amable compañía me decía una vez que lo que el sudor de un hombre le despertaba era una sensación de seguridad, pero nunca me preciso de que raza.

Se me invitó a elaborar un ensayo sobre aquel tema que encontré más interesante en la materia "CONCEPCIONES Y MANIFESTACIONES DEL DEMONIO EN AMÉRICA DEL S.XVI AL S.XVIII" y elegí este prejuicio racial gestado y parido en el concilio de Toledo. Y mi interés viene de algo que, espero, va más allá de esa primera morbosa impresión que mi falta de hábito produce cada vez que topo a una persona negra en la calle, pero felizmente y me jacto con orgullo de esto, no va más allá de mi experiencia junto a dos de los mejores artistas que he conocido en mi vida, los cuales radican en Xalapa y sus palabras y su sonrisa son un brillante eclipse de alegría y sabiduría.

La feliz proliferación de escuelas de baile afro cubano, capoeira, las temáticas, (un tanto periodísticas), de novelistas contemporáneos como J.M.G. le Clezió o Henninng Mankell ponen de manifiesto que a pesar de la incertidumbre y la violencia en que inciertas y fortuitas nacionalidades han sumido a la nación africana esta se rebela y se manifiesta en nuestro mundo contemporáneo; yo, en lo personal, no puedo desligar un fortuito y no muy exitoso intento de cadencia en mi no muy agraciado cuerpo gracias a las interpretaciones de Angelique Kidjo.

Los judíos eran el diablo, los negros eran el diablo, los masones eran el diablo.

¿Y qué “diablos” pasa con la raza latinoamericana?

Mucho, sin duda.

Por lo demás la escuadra de los Bulls se fue a pique en cuanto míster Jordan emigró a Washington después de salvarle el trasero a Bugs Bunny, pero el equipo familiar, por vía de mi padre, siempre han sido los Celtics de Boston y este año el haber arañado el título hasta un séptimo partido frente a los Lakers de Los Ángeles me hizo revivir aquella vieja emoción; por lo demás, vi a nueve hombres negros y un hombre ibérico compitiendo en igualdad de condiciones, tal vez los tiempos del imperio Cartaginés no se encuentren tan distantes después de todo.

***

Pdta.- El amigo al que saludé a la salida del teatro es blanco.
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[1] Aimé Césare

[2] http://www.nba.com/bulls/history/Chicago_Bulls_History-24393-42.html?nav=ArticleList#18

[3] México a través de los siglos, Pág. 15-17 Tomo V - Segunda Época - Libro I - Capítulo XXVII / Un suceso grave que causó grande alarma al virrey y a los españoles residentes en México haciéndoles comprender u8n peligro en el que no habían pensado, fue la conjuración de los negros a finales del años de 1537. / El deseo de explotar las minas con más actividad, y poder con mayor economía dedicarse al cultivo de la caña y fabricación del azúcar, había estimulado a los españoles para procurar la introducción de esclavos negros en todas sus posesiones en América. / Tanto los particulares como el monarca tenían como cosa segura que un negro trabajaba más que cuatro indios; que eran a propósito para vivir en los climas tropicales de las islas y el sur de Nueva España, y no se tenía motivo de desconfianza en el caso remoto de que llegaran a disgustarse por el exceso del trabajo o por los malos tratamientos.

[4] México a través de los siglos, Pág. 21 Tomo IV - Segunda Época - Libro I - Capítulo I / No es posible saber qué guió a Cortez para escoger entre los prisioneros a algunos que debían reducirse a la triste condición de esclavos, cuando todos los demás eran considerados y halagados; ni puede decirse que tan negra suerte cupiera a los que con más encarnizamiento y obstinación se empeñaron en la defensa de la ciudad y en los ataque a los españoles, pues los esclavos eran de ambos sexos, y aunque aseguran los cronistas que las mujeres tomaban parte en los combates con tanto valor como los hombres, no es creíble que esto hubiera decidido a Cortez en su elección, antes bien parece natural que la belleza en el semblante y la gallardía en las formas sería lo que se buscó en los esclavos destinados al rey de España. Extraño también parece este procedimiento de Cortez y el silencio sobre este punto de la corte de España, cuando existía ya la famosa cláusula del testamento de Isabel la católica , encomendando a sus sucesores en el trono de España, la libertad y el dulce trato a los indios, y el antecedente de que los Reyes Católicos, extrañaron a Colón por haber enviado a España, como esclavos, a trescientos de los naturales que tomó en la Isla Española, mandándose volver a todos ellos a su patria a costa del almirante y bajo pena de muerte a quien atentara a la libertad de ellos y de los demás habitantes de las tierras nuevamente descubiertas. Sin embargo, Cortez no sólo redujo a la esclavitud a sus prisioneros sino que todos ellos fueron marcados con el sello real, como se acostumbro hacer todavía muchos años después con los esclavos fugitivos y cimarrones en la isla de Cuba y en la Española.

[5] México a través de los siglos, Pág. 15 Tomo VI - Segunda Época - Libro II - Capítulo II / …Pero todas estas castas eran como arroyos que nacidos de lejanas fuentes se mesclaban y se subdividían para venir en fuerza de repetidos cruzamientos a reunirse y confundirse, olvidándose hasta la memoria de sus orígenes en un solo cauce y en una nueva raza para formar la nacionalidad mexicana.
Los nombres que recibían las castas según su procedencia eran estos:
Los hijos de español y española que no podían considerarse como casta, eran llamados criollos.
El hijo de español e india se llamaba mestizo o coyote.
De mestizo y española castizo.
De castizo con española español.
De español con negra mulato.
De mulato con española morisco.
El salta-atrás era el que tenía caracteres de negro, naciendo de una familia blanca. Generalmente se creía que este fenómeno de atavismo se producía a la tercera o cuarta generación, de una abuela negra con un blanco, aunque no hay dato que apoye esa creencia.
Del salta-atrás o torna-atrás casado con india nacía un hijo a quien se llamaba chino.
Del chino con una mulata salía el lobo.
De lobo con mulata el gibaro.
De gibaro con india el albarrazado.
De albarrazado con negra el cambujo.
Del cambujo con india el zambo o el zambaygo.
Del negro con india también el zambo o el zambaygo.
De negro con zamba el zambo prieto.
De zambo con mulata calpan-mulata
De calpan-mulata con zamba el tente en el aire
Del tente en el aire con mulata no te entiendo
Del no te entiendo con india ahí te estás…

[6] Fusión ontológica entre Quetzalcóatl y el Demonio LIGIA RIVERA DOMINGUEZ Universidad Autónoma de Puebla 9. En Disquisitorum magicarum /ibri sex del inquisidor del Rfo sc Se describe así: "Los demonios se manifiestan en cuerpos humanos negros, mugrientos, hediondos y tremendos, 0 por 10menos en cuerpos de rostro oscuro, moreno y pintarrajeado, de nariz denodadamente chata o enormemente aguileña, de boca abierta y profundamente rajada, de ojos hundidos y chispeantes, de manos y pies ganchudos como de buitre, de brazos y muslos delgados y llenos de pelo, de piernas de burro o de cabra, de pies de cuervo, algunas veces rajado y algunas veces sólido, y por t1ltimo de estatura y proporciones del cuerpo siempre demasiado grandes o demasiado pequeñas y contrahechas." Martín del Rfo, Disquisitorummagicarum /ibri sa, 1599.

[7] RIP

[8] México a través de los siglos, Pág. 75 Tomo VI - Segunda Época - Libro II - Capítulo IV / La costumbre de ver siempre representadas guerras entre moros y cristianos, dejó tan profunda impresión en el ánimo de los indios que aún hoy mismo, todavía en las fiestas de los pueblos se acostumbran representaciones cuyo argumento es siempre una guerra entre los moros y los cristianos; y hasta en las peleas de gallos se finge una lucha semejante, soltando al mismo tiempo un gran número de estos animales por cada uno de los partidos que representan a los moros y a los cristianos, y la liza presenta el aspecto de un combate general, pues cada alguno de los gallos lleva algún distintivo que indica el bando al que pertenece.

[9] SAN ANTONIO TENTADO POR LA LUJURIA Dos formas de representación en la pintura de los siglos XIV y XV Marta Nuet Blanch, Universitat Autònoma de Barcelona, Departament d’Art 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain // El acoso de la carne fue narrado con detalle por san Atanasio en el periodo de juventud del anacoreta. Abandonado san Antonio a su soledad en el yermo, y viendo el diablo los progresos del joven, intentó apartarlo de su camino tentándolo de muchas maneras; ante el fracaso de todos sus embates decide, finalmente, transformarse en una bella doncella. Derrotado de nuevo por la perseverancia del santo, adopta la forma de un niño negro –espíritu de la fornicación– desecho en un mar de lamentaciones14.

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